A principios del siglo XIX, la peste se enseñoreó de tierras valencianas y hubo que restablecer la tradicional
pesca del Bou, prohibida por los Borbones,
para que pudieran comer los pescadores y sus familias, cesando la epidemia en los poblados de Cap de França, Cabanyal, Canyamelar y Grau, los poblados marÃtimos de Valencia.
Pasada ésta, restablecida la salud pública, de nuevo persistieron en las restricciones y prohibiciones, autorizándose su práctica sólo durante los meses de septiembre, alegándose por entonces unas novedosas razones y argumentaciones ecológicas, una situación que recuerda a la actual del coronavirus en la capital del Turia.
La pesca del Bou –dos barcas apareadas con vela latina, que sostenÃan entre ambas una red abierta en forma de dos cuernos y faenaban en aguas de poca profundidad- era "el arte más notable" de los marineros del Grau, Canyamelar, Cabanyal i Cap de França. Este modo de pesca resultaba altamente beneficiosa, generosa y abundante para quienes se enfrentaban al embravecido mar. Cuando las embarcaciones regresaban de pescar con cabos eran enganchadas a dos bueyes unidos por una yunta que las arrastraban desde el mar a la playa.
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El pintor
JoaquÃn Sorolla
plasmó con suma belleza esta actividad, de la que no se sabe a ciencia cierta si fue una invención autóctona de los pescadores valencianos o importada de fuera. Mas detrás de la intensa luz de estas estampas marineras del gran pintor valenciano hay toda una historia dramática, que se hace más trágica en cuanto tiene como contrapunto la Cuaresma, tiempo de penitencia y conversión de los cristianos, de restricción de comer carne -sÃmbolo de mundanidad y concupiscencia- y tiempo dealimentarse con pescado -sÃmbolo del cristianismo- y que sirvió de excusa para hacer más escarnio, burla y abuso de los humildes y pobres pescadores valencianos y sus familias.
Es
Pascual Madoz
-en su "Diccionario Geográfico-EstadÃstico-Históricode Alicante, Castellón y Valencia"- quien da cuenta de los atropellos que sufrieron las gentes de los poblados marineros por parte del poder absolutista constituido a causa de la pesca del Bou, que estuvo muchos años prohibida alegándose que con este método
"se coge a todos los peces, trastorna las crÃas y lastima a muchos de tamaño y de gusto, resultando de esto la escasez de pescado."
Contrapone esta teorÃa el propio Madoz en la dación de cuentas de lo sucedido diciendo que "la experiencia, está en contra de este argumento, pues jamás ha habido tal escasez, cualquiera que haya sido el número de barcos del Bou; ni es posible que tal escasez pueda hacerse sentir en los vastos abismos de los mares".
Todo comenzó cuando en 1723, el rey
Felipe V
, el Borbón que se cargó los Fueros del Reyno de Valencia, prohibió esta modalidad de pesca. Los pescadores que la practicaban acudieron a los tribunales "pidiendo el amparo de la posesión y le obtuvieron", siéndole quitada la razón en un pleito en el que entendió el plenario de la audiencia, que dictó sentencia en 7 de agosto de 1736, "por la cual se prohibÃa la pesca del Bou".
En 1738, reinando
Carlos III
, el Gobierno "mandó establecer 2 parejas del Bou para que
en las reales mesas
no faltasen sollos, lenguados ni salmonetes". La interesada excepción se amplió con nuevas órdenes "en que se mandaban salir al mar cuantas parejas pudiesen aprontarse con el fin de que
no careciesen en la corte de pescado fresco
, y hasta el capitán general tenÃa una pareja y 4 los embajadores de Francia y Nápoles; de suerte que
la pesca del Bou quedó prohibida para los millares de familias que morÃan de hambre y desesperación por no tener otro recurso".
En 1817, el absolutista rey
Fernando VII
fue más allá y prohibió de nuevo la pesca del Bou, de forma categórica, quedando los habitantes de los barrios marineros "en total pobreza". El Gobierno "haciendo alardede su crueldad mandó en 1819 que saliese al mar una pareja de bu
para que no careciese S. M. de pescado fresco en aquella cuaresma.
No paró aquà el desprecio a la miseria pública: el capitán general que la estaba palpando, permitió de acuerdo con el presidente de la junta de sanidad, la pesca del Bou para evitar la epidemia, que por efecto de la miseria se dejaba sentir en el Cabañal, y
el Gobierno apenas tuvo noticia de esta humana disposición, la desaprobó,
castigó a los directores de los gremios, cabos de matrÃcula y patrones de los barcos de Bou y lanzó la más terrible prohibición".
A continuación, fruto de esa situación de miseria, vino la peste, las fiebres, las enfermedades, y el caos total, lo que obligó
en 1820 a restablecer la pesca de Bou
para que pudieran comer los pescadores y sus familias, cesando la epidemia. No obstante, las autoridades persistieron en las restricciones y prohibiciones autorizándose su práctica sólo durante el mes de septiembre.
Con el nuevo siglo, la situación se normalizó y las familias de los pescadores entraron en una situación de mejor bienestar. De ello da razón el que casi todas las casas que sustituyeron a las antiguas barracas del Cabanyal y Canyamelar ostentan en sus fachadas fechas del primer cuarto de siglo XX, cundo llegó una merecida ola de bonanza económica.